The collector, de William Wyler: "Amor nequissimus"
Un corazón entre rejas muere con el alba del mañana.
"The collector", una película de William Wyler ("Roman Holiday" y "Ben-Hur"), con guion de Stanley Mann y John Kohn, trata sobre el rapto y cautiverio de una estudiante de Historia del arte, por parte de un antiguo empleado del banco, interpretado por un jovencísimo Terence Stamp.
Las dos horas que dura el filme se sienten como una bajada a los infiernos, a los traumas, miedos e inseguridades de Freddie (Terence Stamp), que lo han moldeado hasta crear en él un monstruo con el que, de forma puntual, podemos llegar a sentir, sino cierta empatía, algo de simpatía por su figura. Pero la auténtica víctima de su perfil siniestro es Miranda (Samantha Eggar), la joven pintora que cometió el error de sonreírle a un psicópata.
En la película se explora la idea del amor no correspondido y de cómo la obsesión nos vuelve seres grotescos capaces de hacer cualquier cosa por tal de conseguir lo que más ansiamos. Freddie decía amar a Miranda, aunque sus actos no estuviesen siquiera cerca de lo que ello realmente significa, y ante el rechazo de ella, el hombre puso en marcha toda una maquinaria de juegos macabros, palabras envenenadas con "te quieros" sin alma y gestos propios de un narcisista que se mantiene haciendo malabares en la fina cuerda para "conquistar" a su amada, mientras procura no ser descubierto por su delito.
El personaje de Freddie tiene una particularidad, es entomólogo, por lo que se dedica a estudiar y coleccionar mariposas. La división de ambos es evidente, cuando el secuestrador le muestra a Miranda su despacho repleto de mariposas alfileteadas. El mundo se le viene encima al darse cuenta que ahora ella forma parte de ese cementerio envuelto en belleza.
Tiene oculta a su reclusa en un mausoleo subterráneo anexo a la mansión, donde la luz del día entra solo cuando la puerta de la entrada se abre. La oscuridad inunda los rincones de la caverna de la mano de Freddie, quien entra con su característico porte señorial; un personaje que se mueve con gracia entre las sombras, pero que rehúye la calidez de los destellos del sol. En varias ocasiones Miranda tuvo la oportunidad de escapar de su prisión. Freddie dejaba la puerta abierta, la luz invadía la cueva y ella se acercaba al borde para observar. Sentía el aire calmar sus temblores y el azul radioactivo de un cielo que moría con el techo del mausoleo; decidida a dar el primer paso, la puerta se cerraba en sus narices, Freddie salía de entre las sombras y la miraba decepcionado. Pruebas, no eran más que pruebas para comprobar si el amor que ella clamaba por él venía de lo más profundo de su corazón o desde la desesperación por salir de aquel sitio perdido de la mano de Dios.
Cuando el corazón se pone entre la espada y la pared, el único camino lógico es dejar de sentir. Quizá por eso su final es brillante, quizá por eso parece tan real.
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