Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo), de Joel Alfonso Vargas: "Prince of Bronx"
Mad Bills to Pay es la ópera prima del director Joel Alfonso Vargas, basada en su cortometraje Que te vaya bonito, Rico (2024), ganador del premio a mejor director en la sección “Pardi di Domani” del Festival de Locarno.
La película se centra en la figura de Rico, un adolescente de 19 años, de segunda generación y con orígenes dominicanos, que vive con su madre y su hermana en el Bronx. Se gana la vida vendiendo cócteles en las playas hasta que una noticia irrumpe en su vida: va a ser padre con una chica de 16 años. Rico, empeñado en tener al hijo, tendrá que demostrar que es capaz de cambiar, de dejar las drogas y su pasado oscuro para aceptar que ha de sentar cabeza por la criatura que viene en camino.
Seamos francos: desde el momento en que se dice en la película que la chica embarazada tiene 16 años, hubo por mi parte un instante de antipatía evidente, cierta repulsión imposible de negar; incluso llegué a plantearme si sería capaz de empatizar con el resto de la trama. Quizá terminó ablandándome el dolor que sentía Destiny, la chica en cuestión, una muchacha que se ve arrastrada por la decisión de Rico de querer tener, sí o sí, al bebé. Ello hace que Destiny deba mudarse a la casa de él, lo que agravará aún más la precaria situación en la que vive una familia disfuncional donde todos acarrean traumas generacionales que se perciben a simple vista: la madre, que se mata a trabajar y ve que sus dos hijos no tienen metas ni ambiciones; la hija menor, que es castigada por salir a la calle sin permiso, pese a que —como bien señala ella—, mientras Rico puede dejar embarazada a cualquiera, ella no puede acercarse a nadie (creo que se apunta de forma brillante ese machismo calcificado tanto en las generaciones posteriores como en las actuales); y, por último, el hombre de la casa: Rico, un pillo de los pies a la cabeza, alguien que no es malo de corazón, alguien que de verdad busca una vida plena y feliz para el niño que viene en camino, pero a quien, precisamente por ser un adolescente, la falta de madurez le pasa factura.
Es sorprendente el diálogo que se establece entre la película de Vargas y la filmografía de Sean Baker, en concreto con una de sus primeras obras, Prince of Broadway (2008), donde un hombre ha de hacerse cargo de su hijo, cuya existencia desconocía, mientras su expareja se va unos días con su actual novio. Esa relación entre padre e hijo que se genera —una especie de En busca de la felicidad (2006), pero sin la gloria de Hollywood ni las frases manidas— hará de la película una pequeña joya cinematográfica. Vargas, siguiendo las reglas del cine indie estadounidense, mueve la cámara con libertad, buscando la mirada de los personajes, creando escenas con una fotografía que hiela la piel, donde el color nace y muere según la psicología del ambiente.
Mad Bills to Pay propone un camino de redención amargo, desesperante y muy duro, el de un personaje que, pese a ser un idiota integral, un chiquillo que no sabe lo que hace, terminas empatizando con él, pero siempre con el recelo interno de saber que todo eso, algún día y fuera del marco de la ficción, terminará explotando y que, en realidad, los traumas generacionales pervivirán durante otra época más.
Comentarios
Publicar un comentario