El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson: "Retales de tela"
La musa moldea al artista como los descosidos dan forma al vestido.
¿Qué poder tiene la mirada en nosotros? El vidente tiene la capacidad de volverte única e irresistible; un pedazo de tela cosido en la falda del vestido, un trozo de barro del que brotarán unos dedos, una pincelada de bronce que forjan tus labios...
Cuando en la película se repetía: «No te muevas. Estoy intentado hacerte un vestido», la verdad era muy distinta. Sonaría tal que así: «No te muevas. Estoy intentando que te mires a través de mis ojos y recuerdes lo perfecta que eres, lo hermosa que has sido siempre y lo mucho que te deseo». Porque pese a esa imagen de hombre fuerte y seguro de sí mismo, de maniático y controlador empedernido, el Sr. Woodcock (interpretado por un magnífico Daniel Day-Lewis) le teme a la muerte, le teme a la soledad, se teme a sí mismo; pues tras el genio se haya el hombre, uno roto y descosido, quien necesita parches para seguir adelante, porque la tela ya no da más de sí.
Alma Elson (soberbia interpretación de Vicky Krieps), nombre que retumba en las cavernas de nuestros corazones cada vez que se pronuncia en la cinta, es la auténtica protagonista, pues sin ella no existiría esta suerte de versión sofisticada de "La Bella y la Bestia". Alma mira desde la pureza, y eso la hace vulnerable a las influencias externas; pero quien ama desde el corazón ha de lidiar con tales trabas, porque en la verdad reside la fórmula para no enloquecer, para resistir incluso en los tiempos del cólera.
PTA conjuga un crisol de miradas que deshilvanan la trama en pequeños encuentros donde la intimidad y la tensión se derraman por toda la pantalla, donde se nos apunta con la aguja de coser y nos pinchan hasta que los regueros de sangre se sequen con el tiempo. El silencio da forma a la obra y eso que posee unos diálogos dignos de ser memorizados, pero en el amor las palabras sobran; con un simple pestañeo pueden vivirse incontables vidas.
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