Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma: "Pinté la chispa de tu mejilla"
La contención del fervor traspasa los límites del marco y estalla en la gran pantalla.
Céline Sciamma, en Retrato de una mujer en llamas (2019), plasma la historia de amor entre la pintora Marianne, interpretada por una soberbia Noémie Merlant, y la hija de una condesa, Héloïse, llevada por Adèle Haenel. La autora francesa nos lanza a un mar sin salvavidas, donde amar en libertad parece darse solo en las sombras.
La película se nutre de los silencios para mostrar un delicioso caleidoscopio de miradas imbricadas que narran, en pocos días que dura la trama, la fuerza arrolladora de aquellos corazones que ansían pintar las curvas de la amada.
Céline Sciamma, de forma muy astuta, usa claras referencias del Romanticismo, para generar un paisaje donde la línea del horizonte no llega a diferenciarse de la profundidad del mar y donde las miradas gritan por el sabor de los colores. Marianne, la mujer que ha de observar sin llamar la atención, se cubre de colores terrosos y anaranjados que casan con su cabello moreno; mientras que Héloïse, el fruto del deseo que llega desde el convento, se viste con azules oscuros que contrastan con su piel pálida, ojos claros y cabello teñido por el sol; todo un modelo petrarquista. Tal será su estrecha relación que llegará un punto donde los colores se intercambian, demostrando la unión inquebrantable brotada entre lienzos, espuma de mar y el calor de las sábanas.
Con cada gesto repimido, con cada conato de sonrisa, con cada mirada perdida, la directora dibuja a través de numerosos primeros planos, el retrato de dos jóvenes que siguieron el movimiento del pincel esquivando los designios de una sociedad enferma.
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