Una historia sueca de amor, de Roy Andersson: "Ars Amandi"


"Una historia sueca de amor" (1970) fue la ópera prima del director sueco Roy Andersson. La historia se centra en la relación de dos jóvenes adolescentes que juguetean con el primer amor, en contraste con un contexto desesperanzador derivado de la actitud y las circunstancias esperpénticas de los adultos que los rodean.


Algo que me carcome —pero que al mismo tiempo reconozco como una genialidad— es el énfasis de Andersson en cortar las escenas de pasión en su punto álgido. Sirva como ejemplo el momento en el que Annika (Ann-Sofie Kylin) y Pär (Rolf Sohlman) se reencuentran tras haber pasado un tiempo separados. Como los críos que son, no tienen las herramientas necesarias para madurar y comprender lo que están sintiendo, de ahí que empiecen a esquivarse el uno al otro. Es entonces, en ese abrazo capaz de arrancarte un par de lágrimas, cuando la música asciende… y el plano corta abruptamente a la madre de Annika gritándole a su marido.

Este gesto contrasta con la obsesión del director por alargar los momentos incómodos: escenas en las que los personajes permanecen en silencio, pero no un silencio de los que abrazan, sino de los que desgarran. Quizá Andersson se anticipe al espectador y esté formulando ya la tesis de su película —y, por extensión, su concepción del amor—: al final todo acaba, así que disfruta ahora que eres joven. Un carpe diem de manual, pero al estilo sueco.


El amor de los jóvenes se convierte así en el refugio de los solitarios, pues los adultos han fallado en su misión de ser felices; se han fallado a sí mismos. Su castigo, su penitencia, se manifiesta en gestos automatizados, sonrisas forzadas y palabras vacías. La niebla lo consume todo, y los llantos y gritos de los mayores no tienen cabida en esta pequeña historia de amor. 


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