Under the lights, de Miles Levin: "Mejor apaguen las luces…"



Suena duro escuchar esto, pero llevaba mucho tiempo sin sentir una desconexión con una película como la que he vivido al ver Under the Lights. Y miren que en el cine todo tiende a sanarse, pues una película que pudiese ser un bodrio tendría la oportunidad de no parecer tan mala precisamente por verla en la gran pantalla. Era como decía Dario Argento en Vortex (2021): cuando las luces se apagan, los sueños brillan, se potencian, crean un vínculo entre espectador y pantalla difícil de explicar con palabras. Pero, en esta ocasión, ni las salas de los cines Girona han conseguido mitigar el efecto soporífero de la obra de Miles Levin.


Under the lights, como su director indica, pretende ser una película para visualizar los problemas a los que han de hacer frente las personas con epilepsia. Cuenta la historia de Sam, un adolescente que sueña con ir a la fiesta de graduación de su instituto. De la mano de su madre (Lake Bell) y su amiga Molly (Tanzyn Crawford) tendrá que sobreponerse a las circunstancias de su condición. 


Intentar hablar de condiciones como la epilepsia creo que es algo muy loable, más aún si viene de una experiencia propia, pero a veces, cuando intentamos ayudar a una causa, podemos empeorar las cosas, y siento, por desgracia, que esta ha sido una de esas ocasiones. Si esperan saber más sobre cómo actuar ante una situación en la que alguien esté convulsionando, olvídense: la única vez que sucede en la película, la gente que está a su alrededor lo graba y se burla de él.

Y entiendo que haya idiotas en el mundo —siendo sinceros, el porcentaje de estúpidos a nivel poblacional aumenta a pasos disparatados—, pero no fastidies, ¿de verdad no hay nadie que se apiade del joven? ¿Hace falta victimizar tanto al personaje para tener que empatizar con él? Es el recurso fácil, y me da pena, porque podría haber salido algo bueno de esta historia si, en vez de tratar a Sam como a un crío frágil e inmaduro, hubiésemos visto a un hombre que realmente se enfrenta a problemas de calado emocional.

Por intentar ser justo, quisiera destacar una escena que sobresale por encima del resto. Tras la convulsión a la que anteriormente hacía referencia, Sam termina hospitalizado. Va al baño y su madre ha de ayudarle a colocarse en el váter. En ese momento el joven empieza a mearse encima, y la madre debe limpiarlo. El joven, llorando y avergonzado, le pide que pare, que no debe hacerlo, pero la madre continúa. Sinceramente, es una escena que te pone los pelos de punta, una joya entre tanto vacío. Por eso se la describo, para que puedan imaginársela y ahorrarse la entrada para verla.

Under the lights es una pieza fallida, una película a la que la historia le apagará las luces, pero confío en la buena fe de su director. Alguien que pretende ayudar a una causa no debiera ser objeto de tortura. Confío en que próximamente nos sorprenderá para bien; eso quiero creer.




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