Octubre, de Abderrahmane Sissako: "Poética del exilio"
Octubre (Oktyabr), de Abderrahmane Sissako, se rueda en la Moscú postsoviética, apenas dos años después de la caída de la URSS. El cortometraje (segunda obra del autor) sigue los pasos de un joven mauritano que deambula por las gélidas calles de una ciudad que sufrió el peso de la Historia, de las intrigas geopolíticas y de un pasado de gloria.
Sissako propone una mirada alejada de los códigos narrativos dominantes del cine occidental o, al menos, del cine que está triunfando no solo en los festivales sino también en taquilla. Ante el ruido, propone susurros que se ahogan en silencio, pausas que pintan fotogramas, diálogos casi nulos, mecanizados e, incluso, carentes de toda alma humana (como si de títeres estuviésemos hablando). La película pareciese centrarse, por tanto, más en el movimiento de los cuerpos danzando por los espacios de la capital rusa que por el avance dramático per se. Es por ello que la cámara se mantiene prudentemente alejada, sin querer subrayar en exceso o sin dramatizar más de lo necesario. El resultado es claro: una pieza sumergida por un baño de melancolía donde los personajes se desplazan por el accionar de resortes más que por aspiraciones propias.
El uso del blanco y negro refuerza la hipótesis del extrañamiento, la idea de que el refugiado no se siente bienvenido en una ciudad alienada, fría y monótona. Es por ello que Sissako introduce, con finura, cierto plano a color ayudando a generar una sólida construcción emocional del relato.
Uno de los elementos más interesantes de Octubre es la manera en que convierte la experiencia del exilio en una forma visual y temporal. El protagonista mauritano no encuentra un refugio donde poder sentirse protegido, experimenta, al igual que el espectador, la deriva de una civilización en decadencia que está de camino al abismo. Es por esta inestabilidad que las relaciones que puedan forjarse en la obra se dan con cierta distancia y con el gran problema de la incomunicación. Quizá por ello, Sissako, en vez de querer construir una historia sobre la integración o la asimilación, pretende hablar de la imposibilidad de pertenecer completamente a un lugar.
En esta línea de pensamiento, hemos de destacar el contexto histórico que envuelve a la obra. Rusia está en un proceso de recreación, donde se han perdido las figuras claves, tanto ideológicas como culturales, que han marcado el desarrollo de la nación a lo largo del siglo XX. La sociedad está fragmentada entre los que anhelan los viejos tiempos de la época estalinista y los que miran a eso que llaman “democracia”; la incertidumbre ha devorado los mercados, la pobreza aumenta, las pensiones se dejan de pagar, el miedo a un golpe de estado por parte de la cúpula de la vieja guardia está al acecho. Con estos ingredientes se cuece el caldo de cultivo perfecto para encumbrar una obra atravesada por la crítica social, pero no por esa crítica panfletaria, sino por la que se asoma disfrazada por miedo a ser censurada.
Octubre, obra homónima de Serguéi Eisenstein, es una auténtica poética del exilio, pues analiza a la sociedad rusa de finales del siglo XX a través de la mirada de un refugiado mauritano que solo busca amor pese a estar rodeado por el conflicto interno de haber tenido que huir de su patria. Pensamientos que se materializan con la aparición esporádica de mujeres mauritanas que bailan en público al son de la música de Nuakchot; momentos que rozan lo poético, lo onírico e incluso, lo absurdo; y esto es algo que atraviesa el cine de Sissako (ahí está el caso de Bamako), donde la música permite comprender mejor la relación entre realismo y poesía que impregnan nuestras vidas.
Octubre aún conserva la inequívoca capacidad para abordar el desplazamiento y la exclusión desde una perspectiva profundamente sensible y alejada de cualquier artificio. Es entonces que el director mauritano propone un cine de observación y de escucha, donde el silencio y la lentitud adquieren una fuerza política y emocional extraordinaria, donde el exilio es una experiencia humana, histórica y cinematográfica.
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